3 Joyas Perdidas de la Música Disco #01: Flamenco, Mutante y Bollywood.

Triple tanda de rarezas, una de USA, otra de India y otra de España.

Cristina (izquierda) y Bappi Lahiri (derecha); de Olé no parece haber fotos.

Si bien la movida disco original duró solo la segunda mitad de los 70s, su éxito fue tal que le alcanzó para extenderse mundialmente y metamorfosearse muchas veces. Ya cubriremos aquel primer disco y quizás hasta el eurodisco, pero este artículo está dedicado a tres álbumes muy extraños, fusiones que a uno solo se le ocurrirían en chiste: New wave, música nuyorican/afrocubana y disco en “Cristina”; lenguaje musical de la India, aparataje electrónico y disco para la banda sonora de la taquillerísima “Disco Dancer”; y rumba flamenca con, por supuesto, disco en las manos del conjunto español irrastreable Olé!.

Por Agustín Wicki.

Cristina Monet se permitió hacer de la música “para entendidos” algo divertido, empopar lo alternativo y viceversa. El primero de sus dos LPs, salido en 1980, es una expo de estilos insignia para la década que empezaba: Mutant disco, synth-pop, no wave y new wave. El vuelo artístico y fusionario del new wave junto a la sabrosura latina que le daba Kid Creole (productor del álbum) a la música disco, aliando de alguna forma el punk y la música bailable, dos presencias que en teoría eran incompatibles y hubo genialidades como estas demostraron lo contrario. En “Cristina” (reeditado más tarde como “Doll in the Box”) ella cantaba de forma muy natural, reflejando su carisma y actitud coqueta de una forma que hace muy fácil caer en sus encantos incluso 40 años más tarde. Con potencial de diva, pero los pies en la tierra: era el alma de la fiesta al mismo tiempo que parecía una persona super amigable. Equilibrando lo simple y lo atrapante, dominando la fórmula perfecta de la frescura.⁣

Cristina, además, fue una pieza fundacional del sello de culto ZE, con un segundo álbum también genial, llamado “Sleep it Off” y adorado como una pieza de culto para amantes del new wave. Es una lástima que en su época no se la haya apreciado y aún más triste que haya abandonado su carrera musical por eso mismo, dedicándose a ser ama de casa hasta su divorcio. El lado positivo es que en la actualidad estamos volviendo a comprender que en lo pop pueden caber intencionalidades artísticas e incluso se puede estar en la vanguardia musical desde ahí, por eso mismo, la obra de Cristina ahora puede ser rescatada del olvido y valorada como merece.⁣

Bollywood es una de las mayores industrias cinematográficas del planeta y Bappi Lahiri es uno de sus musicalizadores preferenciales. Tiene una montaña de bandas sonoras y entre ellas destaca la de “Disco Dancer”, icónico film indio que batió varios records de taquilla en el país. La fiebre de películas con temática disco a fines de los 70s tuvo un éxito histórico y, no demasiado tarde, apareció esta. Cuenta la historia de un niño pobre con un gran talento musical que lo termina llevando a la cima de la popularidad, lo que conlleva un enfrentamiento con la anterior estrella, un lacra hijo de un magnate que encima, en la infancia de nuestro protagonista, lo había humillado a él y su madre. Luego nuestro campeón se enamora de la que es hermana e hija de los dos antagonistas. Una ensalada emocional que expresa los conflictos de clase que hay en India y todo el tercer mundo.

Toda la intensidad de “Disco Dancer” es acompañada con composiciones de Bappi Lahiri interpretadas por distintos músicos y suena fascinante. No se qué aparatos e instrumentos se utilizaron, pero tienen una sonoridad muy peculiar que lo hace tremendamente exótico e hipnotizante para los que desconocemos la cultura de esa parte del planeta. Los ritmos mecanizados que reconocemos del eurodisco acá están mucho mejor envejecidos, para nada monótonos y con unos sintes que bordean lo epiléptico. El soundtrack tiene muchos méritos más allá de su rareza y las maquinarias utilizadas, escuchándolo es fácil sorprenderse cantando estribillos que van por lados muy distintos que los Occidentales mainstream, además de por supuesto siquiera sospechar qué significan los fonemas. Los reto a escuchar un par de veces ‘Ae Oh Aa Zara Mudke’ o ‘Jimmy Jimmy Jimmy Aaja’ y no terminar como corista.
A este álbum llegué por lo curioso y me quedé por la genuinamente genial que es.

Debe haber una explicación de este trabajo, pero al menos yo no la encontré e igual así me parece muy divertido. Todavía no me queda claro si había o no caribeños participando en el grupo, pero según comentarios de YouTube en su momento fue la bomba en las discotecas caraqueñas y tiene sentido. El álbum funciona como si un DJ ya lo hubiese manoseado, abriendo con un medley y oyendose como un mashup de voces hispanas masculinas y anglosajonas femeninas entre percusión latina, luces flamencas y sintetizadores.
Aunque el resultado final sea confuso e inconsistente, el simple hecho de que exista algo así ya lo hace digno de compartirlo y escucharlo al menos una vez para apreciar el crossover cultural.

Como bonus vale la pena mencionar a Santa Esmeralda, un grupo francés-yankee que intentó casi la misma fusión, con menos credibilidad andaluza, pero sumando rock y vientos mexicanos. Rompe el apropiómetro cultural hasta para el gusto europeo.

Medio digital de difusión, análisis y crítica musical. Nos dedicamos a pensar la música que te (y nos) gusta. A cargo de Agustín W., G. Barrionuevo y Nico Rojo.

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