3 Joyas de 1989 #1: L.A. Spinetta, The D.O.C y Madonna

Visitamos tres discazos de rap, pop y rock en un año transicional de década.

De izq. a derecha: The D.O.C, Madonna y Luis Alberto Spinetta.

Por González Barrionuevo (Madonna), Agustín Wicki (The D.O.C) y Miguel Bachur (L.A. Spinetta).

Madonna — Like a Prayer [Sire]

Una de las mayores complejidades al acercarse a Madonna desde una perspectiva crítico-periodística es que su figura ha sido cristalizada por el adjetivo rimbombante de “Reina del pop”, un término que si bien le es rotulado con justicia, explica tan poco como el término “pop” en sí mismo.

Siendo su cuarto álbum de estudio, este disco probablemente sea el cierre de la primera etapa de la carrera de Madonna, una que tendría tanto cambios y adaptaciones como los ha tenido el propio pop. En este sentido, es un disco cuya sonoridad es muy propia de la época. Previo a los 90’s, el pop que escapaba de la balada se caracterizaba por un sonido muy ecléctico. Tenía carta blanca (literal y figurativamente) para tomar riffs prestados del glamrock, armonías del r&b, sintetizadores del synthpop, percusiones del dance y bajos del funk. Y Madonna supo como pocos seguirle el ritmo a esa licuadora de sonidos.

Acompañada de su productor de cabecera de la época, Patrick Leonard, Madonna trabaja un disco muy personal, escribiendo mucho más de lo habitual en su carrera. Motivada por sus propias experiencias, la relación con su madre muerta a muy corta edad y su crianza católica represiva, nos entrega un disco con bastantes capas y unas letras bastante más inteligentes de lo que sugieren sus videos, altos en blasfemias y sexualidad pagana, pues la provocación en esos años ya era tremenda herramienta de marketing.

Si bien la lógica del pecado es el leitmotiv del disco, sería injusto entenderlo como un álbum que se limita a ser una respuesta al cristianismo, sino que es un disco personal, una búsqueda de jugar tanto en el sonido como en lo poético, entregando una experiencia sorprendente y fresca incluso pasados los años.

The D.O.C — No One Can Do It Better [Ruthless Records]

La música está repleta de historias de artistas de potencial altísimo que no llegaron a desarrollarse, casi siempre por trágicas muertes jóvenes. Sin embargo el caso de The D.O.C, leyenda del rap californiano, no es así. Tracy Curry a fines del ’89 tomó la decisión letal de conducir alcoholizado cuya consecuencia directa fue un accidente del que sobrevivió, pero no sin perder la voz en el proceso. Un MC sin laringe no tiene mucha carrera por delante, por más que su debut haya sido uno de los mejores discos de la Golden Era. A pesar de eso el D.O.C siguió aportando al Hip Hop desde una posición en la que ya se desempeñaba cómodo: Ghostwriter para monstruos como Eazy-E y Dr. Dre. El oficio de la rima escrita lo tiene activo hasta la actualidad, aunque sin demasiada claridad de cuando está detrás de un verso.

The D.O.C a fines de los 80s tenía todo para regir como el mejor rapero de Cali, compitiendo por ese puesto barra a barra con, por ejemplo, Ice Cube. Era asociado del sello Ruthless Records y la mítica cuadrilla de N.W.A. Estaban dadas todas las condiciones para que su primer disco sea un clásico de la Costa Oeste y así fue. “No One Can Do It Better”, un emblema del rap en la época y cómo fue reapropiado en Compton.

Con sampleos a eminencias como Isaac Hayes, Marvin Gaye y George Clinton y cajas de ritmo en su máximo esplendor Dr. Dre operó de bombardero en esta tracklist, produciendo todos los temas. La aspereza de esa generación de Hip Hop más el amor por el funk que siempre hubo en el rap de California dieron un sonido que con el paso del tiempo se ha vuelto más y más duro. La técnica de D.O.C también se añejó sin problemas. No es fácil encontrar rimadores a la altura de los grandes por fuera de Nueva York, pero D.O.C dio la cara por el Oeste maniobrando con actitud flows propios y terminaciones múltiples.

Aún si “No One Can Do It Better” no es la pieza más conocida del catálogo de Ruthless, tiene su estatus de culto bien ganada, siendo un acorazado imbajable de rap al que no le pesa ni un poco el nombre: “Nadie Puede Hacerlo Mejor”.

Luis Alberto Spinetta — Don Lucero [Sony Music Argentina]

Este álbum de Luis Alberto sale después de “Tester de Violencia” y propone algo completamente diferente. 1989 fue un año especial para el rock argentino, pues tras la partida física de Miguel Abuelo y Federico Moura un año antes, los grandes lanzamientos a la par de Don Lucero como “Bang! Bang! Estás liquidado” de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, “Cómo conseguir chicas” de Charly García, “Languis” de Soda Stereo, “Fiebre” de Sumo, entre otros, le dieron un aire que necesitaba la escena para pasar esas dolorosas pérdidas.

Este cambio que menciono en relación a “Tester de violencia”, coincide con el que hay también a nivel simbólico en el nombre de los álbumes y el imaginario que podemos llegar a pensar en primera instancia. De “Tester de Violencia” a “Don Lucero”, hay una vuelta de tuerca que nos podemos imaginar.
Cuenta el propio Spinetta que “Don Lucero” está centrado en los sentimientos y en los sentidos. Es un álbum de imágenes e impresiones que no tiene narrativa y no cuenta ninguna historia en particular, y se lo siente así.

Incluso, una de las peculiaridades que he notado es que dependiendo de con qué auriculares o parlantes escuches el álbum, hay muchas veces en las que se siente a la voz con muy poca presencia en la mezcla. Si no le prestás atención, te olvidás que ahí está Luis cantando. Buscó una voz más aguda que en otros discos, y que sea cambiante, tratando de amoldarse al color de cada tema.

La parte lírica del álbum surge de la música y no necesita mucho análisis. Tiene temas como “Wendolin” que son de amor, y justo esa parte de la vida que escapa a la racionalidad, no hay que buscarle una visión intelectual. Sí podemos destacar por ejemplo la repetición de palabras en vez de usar sinónimos o metáforas: “Un sitio es un sitio/ un sitio es un arco dorado/ no importa no importa/ un sitio es una zona en el alma” (“Un sitio es un sitio”).

Revisando la discografía de Spinetta, podemos decir que Don Lucero es un anticipo de las intenciones artísticas que tenía El Flaco para lo que iba a hacer después de Los Socios del Desierto. Era una lenta evolución que distaba del sonido de Spinetta Jade, pero que desde “Privé” empezaba a mutar.

Tratando de armar lo que en un futuro sería su propio estudio de grabación, se empezó a entusiasmar con las últimas tecnologías tanto en lo que respecta a sonido como en general. Así es como consiguió una Commodore 2, que aprende a usarla, y a dibujar. Jugando algunas horas, pixel por pixel, consigue en su monitor una cara estelar, medio difusa, que bautizó como Don Lucero, y que sería la portada del álbum. Esta portada, resultado de la alta tecnología, estaba vinculada al lado A del álbum, los 4 primeros temas que son más clásicos. Del otro lado, los temas restantes remiten a los momentos más herméticos de su carrera, como aquel primer disco de Invisible.

Sabemos que dentro de un paradigma musical es difícil escapar de ciertos elementos estéticos propios de la época, pero lo que hace que sea diferente es desde dónde nace la forma de hacer arte del Flaco. Lleva eso que quiere transmitir en el momento, a la música. De la forma que mejor le siente, a ese mensaje o sensación que quiera hacernos llegar.

Sí se siente en la producción que es un álbum de los 80s. Aún así, por más características ochenteras que tenga a nivel producción, ya sea en la batería, los teclados, o el bajo, tiene el sello de Luis Alberto Spinetta.

Medio digital de difusión, análisis y crítica musical. Nos dedicamos a pensar la música que te (y nos) gusta. A cargo de Agustín W., G. Barrionuevo y Nico Rojo.

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