3 Joyas de 1975 #1: Prog, soul y city pop

Visitamos grandes piezas de mediados de los 70s en Argentina, USA y Japón

De izq. a derecha: Espíritu, Harold Melvin & The Blue Notes y Sugar Babe.

En la primer entrega de este “viaje en el tiempo” visitamos 1989 para explorar piezas de música variadas en un año transicional. Hoy toca viajar más atrás para reconocer un año convulsionado de una década convulsionada en muchas regiones del globo terráqueo. El ’75 partió a la mitad los 70s y gestó buena parte de los movimientos más trascendentes del próximo lustro e incluso más: el punk, que germinaba en el CBGBs, y el disco, que dio el gran salto de los clubes gays de New York a la masividad extrema.

La música estaba en diálogo con su época y también en plena expansión, por lo que extrajimos de Asia, Sudamérica y Norteamérica tres piezas de culto de sus respectivos universos (city pop, prog sinfónico y philly soul respectivamente) para dar unas pistas sobre algunas de las cosas que se sucedían en el periodo.

Por Miguel Bachur (“Crisálida”), Agustín Wicki (“Wake Up Everybody”) y Ramiro German (“Songs”)

Harold Melvin & The Blue Notes — Wake Up Everybody [Philadelphia International]

Philadelphia International, la mega discográfica afroamericana que impuso el philly soul en los 70s, tenía varios caballitos de batalla dispuestos en el mercado para dominarlo desde la vacante que había dejado Tamla-Motown. Si bien Gamble & Huff lograron lo que Berry Gordon Jr. desde Detroit (capitalismo negro en base a un sonido propio del sello), su gloria fue algo más breve. En el ’75 la música disco tomó forma con la instrumentación prístina del philly soul como base, por lo que el estilo pasa a quedar anticuado para la nueva generación y el mercado.

Sin embargo ese mismo año saldría una de las obras definitivas del género: “Wake Up Everybody”. En 1971, cuatro años atrás, Marvin Gaye había alcanzado una trascendencia casi incomparable en la historia musical pasando de ser un lindo cantante romántico a un músico que dio voz al pueblo de la forma más bella que se conozca en “What’s Goin’ On”. Los Blue Notes siguieron su camino en esta obra, la más vigente de su catálogo y a la vez portadora de una orquestación y juegos de pregunta y respuesta que están entre los más preciosos del soul setentero, lo que es realmente mucho decir.

Fue su último disco con Philadelphia International y el último con Teddy Pendergrass, que era el cantante principal a pesar de que el nombre del grupo indique otra cosa, quien más tarde tuvo una exitosa carrera solista en el smooth soul más romántico. Justamente las canciones de amor eran su especialidad y la de la discográfica (oigasé ‘I Miss You’), por lo que ese mismo fue su lenguaje para expresar el mensaje social del LP.

“Wake up, all the builders
Time to build a new land
I know we can do it
If we all lend a hand”

En solo dos de los siete temas, ‘Wake Up Everybody’ y ‘To Be Free To Be Who We Are’, se predica por un futuro libre, pero incluso en las grandes baladas del álbum el amor, un amor entre iguales, comprende el ideal de una vida compartida placentera. Así como la conmovedora portada que le ilustró Edward Soyka, la instrumentación a cargo de la MSFB, orquesta de P.I., transmite una esperanza que reside en el interior. No hay denuncias ni órdenes, ni siquiera se nombran los males que asediaban y asedian a los ciudadanos afroamericanos o a cualquier otra minoría, pero esto, así como lo hace tibio, también le da una universalidad que es tan maravillosa como necesaria.

“You can do anything and everything you wanna do
You can prove anything and everything you wanna prove
You can try anything and everything you wanna try
You can buy anything and everything you wanna buy

But it all depends on you, yes it does”

Espíritu — Crisálida [Talent]

Espíritu es una banda que alcanzó una gran popularidad en su época de apogeo, pero a medida que llegaban nuevas generaciones dicha popularidad se iba desvaneciendo. No logró la memorabilidad de otras bandas contemporáneas de rock progresivo como Arco Iris, Invisible, o algunas un poco posteriores como Crucis o La Máquina de Hacer Pájaros.

Sin embargo, la audiencia fiel a este género la recuerda con mucho cariño y sobre todo a este álbum debut. “Crisálida” es un álbum conceptual, maravillosamente ejecutado y estructurado. Fiel a la esencia del prog sinfónico de la época, con claras influencias de Yes, Génesis, y algunas bandas italianas como Premiata Forneria Marconi o Semiramis, crea un ambiente propicio para el escenario en el que intenta introducirnos.

La singularidad de este álbum radica en relación a la escena local de la época. Bandas cercanas en cuanto al estilo pueden ser Crucis o El Reloj, pero hay diferencias que son claras como la forma de estructurar el tracklist, muchos fraseos memorables de parte de cada uno de los instrumentos (salvo la batería, esta es la gran diferencia con Crucis), o la propia homogeneidad de la obra.

Cada track es reconocible por sí mismo y eso habla de la variedad de colores que podemos encontrar, a la vez que es un álbum perfectamente cohesivo. Mucha presencia de teclados, la voz de Fernando Berge calzando como anillo al dedo dentro del género que se está interpretando, y una configuración de instrumentos a nivel capas que no es excesiva pero sí es la suficiente para crear un ambiente sonoro casi de iglesia. Todo esto hace que sea una escucha agradable para oídos poco acostumbrados a este género.

Haciéndole honor al nombre de la banda, es una obra profundamente espiritual, que transmite ese estado de metamorfosis entre el estadío terrenal y la conexión con Dios. La imaginería de este trabajo gira alrededor de esa conexión y una serie de metáforas sobre todo lo que significa esa búsqueda de elevación espiritual.

Si bien a nivel musical no tiene una estructura intrincada, en la lista de canciones podemos percibir una narrativa que empieza con ‘La Casa De La Mente’, un tema muy épico y fuerte donde se prepara el terreno para lo que va a ser después el desarrollo de un conflicto en dos partes con ‘Prolijas Virtudes Del Olvido’ y ‘Sueños Blancos, Ideas Negras’. Este segmento es la descripción del conflicto interno y el sentir la oscuridad en el alma, con un tema más potente y corto, y otro más extenso en duración con sus partes más grandilocuente y etéreas por momentos.

Entrando en ‘Sabios De Vida’ y ‘Eterna Evidencia’ empezamos a darnos cuenta cuáles son las piedras en el camino, y cómo destrabar ese sendero. En cuanto a la estructura igual al fragmento anterior pero al revés. Primero un tema largo con más de un clima y luego uno potente, sumado a que justamente en ‘Eterna Evidencia’ Gustavo Fedel se luce con una ejecución brillante de su Moog.

‘Tiempo De Ideas’ comienza con un órgano lleno de reverb que ocupa todo el espacio musical, como si estuviéramos en una iglesia, y Fernando Berge canta acompañando la pieza de manera asombrosa, sin ser opacado por el órgano y sin ser el centro de atención. Acá empieza la resolución del conflicto que termina en ‘Hay Un Mundo Cerrado Dentro Tuyo’, un tema que no podría ser mejor cierre. Transmite un grado de calma y orden musical que es agradable al oído después de todo lo que fue ese maravilloso álbum.

Sugar Babes — Songs [Niagara Records]

Songs”, álbum único del grupo Sugar Babe, es considerado como uno de los pocos discos de city pop (o incluso como un prototipo de este) previos a 1977, año donde inició el auge consumista por los bienes creados para “usar y tirar” que usaron de palanca la gran ola turista por el Gran Prix para que Japón desarrolle esa estética plagada de neones y opulencia que hoy día nos brinda nostalgia, aun sin haberla vivido.

De hecho Sugar Babe fue una banda pionera en tomar el soft rock más groovy, acordes jazzeros y toques de pop soul para forjar un ambiente relajado que deja gusto a city pop.

El núcleo del quinteto estaba formado por dos figuras que en la década ochentera serían insignia del pop japonés. Por un lado Taeko Ohnuki, una gran multiinstrumentista con una visión del futuro musical, y por el otro Tatsuro Yamashita, el “Rey del city pop” quien años más tarde sería reconocido por casarse con Mariya Takeuchi y ser responsable del mega éxito ‘Plastic Love’ entre tantos otros hits nipones.

El álbum tiene una influencia muy notoria de Todd Rundgren, gran compositor e intérprete estadounidense que dirigió a la corriente del soft rock junto a Carole King. Tatsuo, cuyas composiciones ocupan la mayor parte del disco, aplican la misma receta pero con sabor oriental y un tanto costero. Su música evoca la brisa en el rostro de los atardeceres a la orilla del mar, pero con rasgos muchos más sofisticados. En cuanto a Taeko, que no posee una gran participación en el disco, entrega lo que marcará el estilo de su primer disco en solitario, “Grey Skies”: baladas pop que asemejan estilo con Carole King. Para ser justos con el trabajo de los integrantes, “Songs” es más un álbum en solitario de Tatsuo que el fruto real de un dúo, pero las composiciones de Taeko le aportan elegancia a la obra.

También hay que indagar sobre una mente importante de este proyecto, el tercer hombre a la cabeza: Eichi Ohtaki, guitarrista y cantante del grupo Happy End, que estuvo al mando de la producción. Fue fundamental en el proyecto ya que la pareja Tastuo-Taeko necesitaba un colaborador influyente e independiente como Ohtaki debido al bajo interés en este proyecto por parte de las discográficas.

Songs” es una producción independiente que buscaba un hueco entre las superproducciones y logró excelentes críticas de la prensa, a pesar de las ventas bajas y la poca difusión radial que condujeron a la disolución del grupo un año después de su lanzamiento. Para suerte de Taeko y Tatsuro ese fue el punto de inflexión que marcó el inicio de sus grandes carreras en solitario e influenció a otros grandes artistas del city pop.

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Medio digital de difusión, análisis y crítica musical. Nos dedicamos a pensar la música que te (y nos) gusta. A cargo de Agustín W., G. Barrionuevo y Nico Rojo.

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